En febrero, el Dr. Juan Bogliaccini cerró su etapa como decano de la Escuela de Postgrados de la Universidad Católica del Uruguay. Fueron tres años en los que la Escuela no solo creció en cantidad de programas, sino que consolidó procesos, fortaleció su identidad académica y amplió su proyección.
“El trabajo de mi antecesor fue crear la Escuela; el mío fue organizarla y hacerla crecer”, resume. La frase condensa el espíritu de una gestión que combinó expansión con orden institucional y una mirada estratégica sobre el desarrollo del postgrado.
Durante este período, la Escuela prácticamente duplicó su oferta y proyecta la apertura de 46 programas y más de 50 propuestas si se consideran diplomas internos. Sin embargo, el crecimiento no fue solo cuantitativo. “El proceso implicó potenciar al máximo el trabajo del cuerpo académico y acompañar su desarrollo en áreas nuevas y emergentes”, explica.
Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Carolina del Norte y magíster en Políticas Educativas por la Universidad Alberto Hurtado, Bogliaccini asumió el desafío de conducir una Escuela integrada por disciplinas con trayectorias y niveles de consolidación diferentes. “Uno de los grandes desafíos fue entender en qué etapa está cada disciplina en Uruguay, cuál es la distancia respecto a los estándares internacionales y cómo contribuir a cerrar esa brecha”, señala.
Esa mirada atenta a la diversidad disciplinar atravesó su gestión. Algunas áreas requerían fortalecer su perfil académico; otras, profundizar su dimensión profesional. En todos los casos, el foco estuvo puesto en sostener una formación rigurosa y promover investigación de calidad.
Uno de los hitos fue la expansión en el área de la salud, particularmente con la incorporación de especialidades médicas y el fortalecimiento de las propuestas existentes. En ese proceso se incorporó el software T-Res, utilizado por universidades de referencia a nivel internacional, que permite monitorear competencias, evaluaciones y procesos formativos. También se tomó como referencia el modelo regulatorio estadounidense ACGME para estructurar estándares y asegurar calidad. “La idea fue crecer con tranquilidad y con calidad”, afirma.
Entre 2022 y 2025, la mayoría de los programas atravesaron instancias de rediseño y actualización. La revisión permanente pasó a formar parte de la dinámica institucional. “La calidad es todo”, sostiene. Para Bogliaccini, un postgrado tiene sentido si genera una transformación real en quienes lo cursan. En esa línea, destaca que uno de los objetivos fue acompañar a los estudiantes para que pudieran completar sus trayectorias académicas en tiempo y forma, fortaleciendo el diálogo entre docentes y maestrandos.
La internacionalización también ocupó un lugar central. Se impulsaron semanas internacionales y se promovió la participación de docentes del exterior en instancias de trabajo académico con estudiantes y equipos locales. “No alcanza con una charla abierta. El profesor que viene tiene que integrarse, trabajar con nuestros estudiantes y generar intercambio”, explica. Esa apertura permitió ampliar redes y proyectar la Escuela más allá del ámbito nacional.
Para Bogliaccini, la Escuela cumple un rol clave dentro de la Universidad, articulando docencia, investigación y desarrollo académico. Parte de su tarea fue generar condiciones para que los equipos pudieran potenciar su trabajo, consolidar líneas de investigación y acceder a nuevas oportunidades, incluyendo la articulación con organismos como la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y el fortalecimiento de políticas de becas.
Desde su mirada como investigador en economía política e inequidad, también subraya el valor del postgrado para el desarrollo del país. “Más personas formadas generan más oportunidades. La universidad tiene la responsabilidad de aportar valor a través de la formación y la producción de conocimiento”, afirma.
Al hacer balance, el énfasis está puesto en el trabajo colectivo. “Nada de esto se construye de manera individual. Los avances son el resultado del compromiso de los equipos académicos y administrativos”, reconoce. En ese sentido, destaca especialmente el profesionalismo y la dedicación de quienes integran la Escuela.
Con el cierre de esta etapa, Bogliaccini retoma de lleno sus tareas de investigación y docencia, mientras la Escuela inicia un nuevo ciclo bajo el liderazgo de la Mag. Karina Montiel, quien asumió el pasado lunes 2 de marzo el decanato.
“Pensar que un proceso alcanza un punto definitivo es una ilusión”, reflexiona hacia el final. La mejora continua y la búsqueda de excelencia seguirán siendo desafíos permanentes. Su paso por la Escuela deja una estructura fortalecida y una comunidad académica preparada para seguir creciendo en esta nueva etapa.


























