Buscar:
 
     

Misas

 Misas Diarias

A partir del lunes 10 de marzo, volvemos a celebrar diariamente la misa en la Capilla Mater Admirabilis de nuestra Universidad. Las mismas se realizarán de lunes a viernes a las 13:10 hs 
 
 
 

 
GUÍA HOMELÉTICA

Por el Padre Max Alexander

 

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO, “B”

 06/07-12-2008

 

 

Introducción

 

“… Mientras prosigue el camino del Adviento, mientras nos preparamos para celebrar el Nacimiento de Cristo, resuena  en  nuestras comunidades esta exhortación de Juan Bautista a la conversión. Es una invitación apremiante a abrir el corazón y acoger al Hijo de Dios que viene a nosotros para manifestar  el juicio divino. El Padre —escribe el evangelista san Juan— no juzga a nadie, sino que ha dado al Hijo el poder de juzgar, porque es Hijo del hombre (leer Jn 5, 22. 27). Hoy, en el presente, es cuando se juega nuestro destino futuro; con el comportamiento concreto que tenemos en esta vida decidimos nuestro destino eterno. En el ocaso de nuestros días en la tierra, en el momento de la muerte, seremos juzgados según nuestra semejanza o desemejanza con el Niño que está a punto de nacer en la pobre cueva de Belén, puesto que él es el criterio de medida que Dios ha dado a la humanidad.                                                                                                                             El Padre celestial, que en el nacimiento de su Hijo unigénito nos manifestó su amor misericordioso, nos llama a seguir sus pasos convirtiendo, como él, nuestra existencia en un don de amor. Y los frutos del amor son los «frutos dignos de conversión» a los que hacía referencia san Juan Bautista cuando, con palabras tajantes, se dirigía a los fariseos y a los saduceos que acudían entre la multitud a su bautismo.  Mediante el Evangelio, Juan Bautista sigue hablando a lo largo de los siglos a todas las generaciones. Sus palabras claras y duras resultan muy saludables para nosotros, hombres y mujeres de nuestro tiempo, en el que, por desgracia, también el modo de vivir y percibir la Navidad muy a menudo sufre las consecuencias de una mentalidad materialista. La "voz" del gran profeta nos pide que preparemos el camino del Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e interiores, sedientos del agua viva que es Cristo…”[1].

 

 Comentario bíblico

 

1ª Lectura: Isaías 40,1-5.9-11

 

1.1.- La primera lectura es el comienzo del llamado Segundo Isaías (= Is2) que durante el exilio en Babilonia le anuncia al Pueblo de Dios su próxima liberación y la posibilidad de volver a la patria: ¡ha terminado la esclavitud de Israel!  

Reconforten, reconforten…  Es la palabra con la que comienza el texto (40, 1). La palabra consuelen con que se la ha traducido de ordinario (de ahí el nombre de "libro de la consolación" dado al Is2) resulta demasiado sentimental y corre el peligro de evocar sólo buenas palabras y manifestaciones cariñosas destinadas a hacer olvidar las miserias de la vida. La fortaleza con que Dios reconforta corresponde a la miseria inicial de Sión aplastada por la derrota y el destierro: Pobre, azotada por los vientos, no consolada (54,11; leer 51,19). El Señor viene a poner fin a esta situación  Ya ha cumplido su servicio (= milicia), ha satisfecho su culpa (40, 2). Cuando YHVH haya reconfortado a Sión, haya reconfortado (= reconstruido) todas sus ruinas, y haya transformado el desierto en Edén (51, 3). Para ello pone en juego todo su poder, ante el cual el adversario vencedor hasta ese momento, no es ya nada. Reconfortar al pueblo es desde ya proclamar el final de su desolación (52, 9; ver 49, 13). Pablo recogerá esta misma expresión para evocar la fuerza contagiosa que da Dios a los cristianos en todos sus combates: ¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para poder nosotros reconfortar a los que están en toda tribulación (2 Cor 1, 3-4).

1.2.- Súbete a una montaña…, tú que llevas la buena noticia a Sión (40,9)  Son tres los pasajes de Is2 en los que encontramos un verbo que significa “llevar un mensaje”; el nuestro y estos otros dos: 41, 27 y 52, 7. Lo que es interesante en este caso es que la palabra ha sido traducida al griego por euangelízesthaí, y que el Nuevo Testamento recogió esta palabra para formar nuestra palabra "evangelio". Estamos aquí entonces en las fuentes del evangelio; escuchamos una "buena noticia" que proporcionará un lenguaje para hablar de la Buena Nueva de Jesús. ¿Y cuál es el contenido de esta buena nueva? En 40,9-10 se trata de la gloriosa y pujante venida del Señor, en 52, 7 se trata de paz (shalom, la plenitud dada por  Dios), de bondad, de salvación, y finalmente de esta palabra: "¡Ya reina tu Dios!". En resumen, la "buena nueva" del Is2 comprende: la venida de Dios a los hombres, su reino, y la felicidad total que de allí se seguirá para todos. Es eso precisamente lo que recogerá el evangelio de Jesús, llevándolo hasta su perfecto cumplimiento.

1.3.- Desde siempre el recuerdo del éxodo había sido para Israel el recuerdo fundamental. La salida de Egipto es el acontecimiento al que debe Israel su existencia como pueblo, o como pueblo salvado, como pueblo del Señor. Sin cesar, los textos bíblicos (tanto la ley como los profetas) se refieren a él. Y el destierro da a este recuerdo una nueva actualidad: si el Señor supo entonces arrancar a su pueblo de la opresión egipcia, ¿no sabrá hoy arrancarle del mismo modo de la opresión babilónica? Entonces, no es extraño que aparezcan desde el principio en el Segundo Isaías ciertas imágenes parecidas a las del éxodo: En el desierto abran (‘abran’ mejor que ‘preparen’) camino a YHVH, tracen en la estepa una calzada recta a nuestro Dios (40, 3, ver el texto principal, que es el de 43, 16-21). Los recuerdos de antaño son evocados de la forma más grandiosa, que recuerdan las amplificaciones del autor sacerdotal. Nuestro profeta ¿no dice que fue el propio Señor quien movilizó a los egipcios ("carros y caballos") para manifestar su gloria al aplastarlos? En el primer éxodo, el Señor fue el único actor del grandioso drama. Y ¿qué es lo que promete para el mañana? ¿Sacará a relucir de nuevo algo de los antiguos hechos? Nuestro profeta supera con mucho esta hipótesis: ¡No se acuerden  más del pasado, ni tengan en cuenta lo antiguo…! Esto quiere decir que lo más maravilloso no está en ese pasado que Israel ha considerado siempre como inolvidable, sino en el futuro. No sólo habrá un nuevo éxodo, sino que será tan hermoso que hará olvidar el antiguo. El Señor se muestra siempre creativo y Creador, no ha acabado de maravillar a los suyos.

1.4.- El evangelio,- ¡todo el Nuevo Testamento! -, se abre bajo el signo del Is2. La palabra misma de "evangelio" (Mc 1, 1; etc.) procede en gran parte de nuestro profeta, como hemos dicho. Y el precursor de Jesús se nos presenta con las palabras mismas del comienzo del capítulo 40: Una voz grita en el desierto...  (Mt 3, 3; Mc 1, 3; Lc 3, 4-6; Jn 1, 23): ha llegado al tiempo de la consolación de Israel (Lc 2, 25). Y a lo largo de todo el Nuevo Testamento vuelven a aparecer transfigurados, realizados en Jesucristo, los temas del  Is2: nueva alianza, anuncio de una novedad radical, nueva creación, anuncio del esposo que viene a  colmar a la humanidad su esposa, apertura decisiva a las naciones, poder y eficacia de la palabra, presencia en Jesucristo del Dios "redentor" que viene a rescatar a su pueblo: todos estos elementos que ocupan en el Nuevo Testamento un lugar esencial habían empezado a madurar ya en la obra de nuestro profeta. Y, por encima de todo, está evidentemente el Siervo, figura central del libro, imagen privilegiada en la que se reconoce a Jesucristo y donde sus discípulos, a lo largo de los siglos, no han dejado de reconocerlo.

Además, el Nuevo Testamento está a su vez sujeto al fenómeno del relanzamiento de la esperanza. Si todo está "ya" hecho "todavía-no" lo poseemos. Tras el esplendor de la pascua y de pentecostés, viene la vida de la iglesia, con su lentitud, sus incertidumbres, sus conflictos, que evocan muy bien las cartas de Pablo o (en otro estilo) el Apocalipsis. En la sucesión grisácea de los días y a veces en la contradicción y en la oscuridad, hay que seguir viviendo y esperando. Y las llamadas del Segundo Isaías, así como sus imágenes llenas de luz, pueden todavía sostener el esfuerzo, ya que la venida de Cristo, sin abolirlas ni hacerlas inútiles, les ha dado un nuevo sentido y un nuevo valor[2].

 

Salmo Responsorial: Salmo 84,9ab. 10-14

 

2.1.- Este salmo es un canto gozoso y lleno de esperanza en el futuro de la salvación. Refleja el momento entusiasmante del regreso de Israel del exilio babilónico a la tierra de sus padres. La vida nacional se reanuda en aquel amado hogar, que había sido apagado y destruido en la conquista de Jerusalén por obra del ejército del rey Nabucodonosor en el año 586 a.C. En efecto, en el original hebreo del Salmo aparece varias veces el verbo shûb, que indica el regreso de los deportados, pero también significa un "regreso" espiritual, es decir, la "conversión". Por eso, el renacimiento no sólo afecta a la nación, sino también a la comunidad de los fieles, que habían considerado el exilio como un castigo por los pecados cometidos y que veían ahora el regreso y la nueva libertad como una bendición divina por la conversión realizada.

2.2.- El Salmo se puede seguir en su desarrollo de acuerdo con dos etapas fundamentales. La primera está marcada por el tema del "regreso", con todos los matices a los que aludíamos. Ante todo se celebra el regreso físico de Israel: Señor (...), has restaurado la suerte de Jacob (v. 2); restáuranos, Dios salvador nuestro (...) ¿No vas a devolvernos la vida? (vv. 5. 7). Se trata de un valioso don de Dios, el cual se preocupa de liberar a sus hijos de la opresión y se compromete en favor de su prosperidad: Amas a todos los seres (...). Con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida (Sb 11, 24. 26).

Ahora bien, además de este "regreso", que unifica concretamente a los dispersos, hay otro "regreso" más interior y espiritual. El salmista le da gran espacio, atribuyéndole un relieve especial, que no sólo vale para el antiguo Israel, sino también para los fieles de todos los tiempos.

2.3.- En este "regreso" actúa de forma eficaz el Señor, revelando su amor al perdonar la maldad de su pueblo, al borrar todos sus pecados, al reprimir totalmente su cólera, al frenar el incendio de su ira (cf. Sal 84, 3-4). Precisamente la liberación del mal, el perdón de las culpas y la purificación de los pecados crean el nuevo pueblo de Dios. Eso se pone de manifiesto a través de una invocación que también ha llegado a formar parte de la liturgia cristiana: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (v. 8).

Pero a este "regreso" de Dios que perdona debe corresponder el "regreso", es decir, la conversión del hombre que se arrepiente. En efecto, el Salmo declara que la paz y la salvación se ofrecen a los que se convierten de corazón (v. 9c). Los que avanzan con decisión por el camino de la santidad reciben los dones de la alegría, la libertad y la paz.

Es sabido que a menudo los términos bíblicos relativos al pecado evocan un equivocarse de camino, no alcanzar la meta, desviarse de la senda recta. La conversión es, precisamente, un "regreso" al buen camino que lleva a la casa del Padre, el cual nos espera para abrazarnos, perdonarnos y hacernos felices (ver Lc 15, 11-32).

2.4.- Así llegamos a la segunda parte del Salmo (vv. 10-14), tan familiar para la tradición cristiana. Allí se describe un mundo nuevo, en el que el amor de Dios y su fidelidad, como si fueran personas, se abrazan; del mismo modo, también la justicia y la paz se besan al encontrarse. La verdad brota como en una primavera renovada, y la justicia, que para la Biblia es también salvación y santidad, mira desde el cielo para iniciar su camino en medio de la humanidad.

Todas las virtudes, antes expulsadas de la tierra a causa del pecado, ahora vuelven a la historia y, al encontrarse, trazan el mapa de un mundo de paz. La misericordia, la verdad, la justicia y la paz se transforman casi en los cuatro puntos cardinales de esta geografía del espíritu. También [el Segundo] Isaías canta: Destilen, cielos, como rocío de lo alto; derramen, nubes, la victoria. Ábrase la tierra y produzca salvación, y germine juntamente la justicia. Yo, el Señor, lo he creado (Is 45, 8).

2.5.- Ya en el siglo 2º con san Ireneo de Lyon, las palabras del salmista se leían como anuncio de la "generación de Cristo en el seno de la Virgen" (Adversus haereses III, 5, 1). En efecto, la venida de Cristo es la fuente de la misericordia, el brotar de la verdad, el florecimiento de la justicia, el esplendor de la paz. Por eso, la tradición cristiana lee el Salmo, sobre todo en su parte final, en clave navideña. San Agustín lo interpreta así en uno de sus discursos para la Navidad. Dejemos que él concluya nuestra reflexión:  "La verdad ha brotado de la tierra":  Cristo, el cual dijo:  "Yo soy la verdad" (Jn 14, 6) nació de una Virgen. "La justicia ha mirado desde el cielo": quien cree en el que nació no se justifica por sí mismo, sino que es justificado por Dios. "La verdad ha brotado de la tierra": porque "el Verbo se hizo carne" (Jn 1, 14). "Y la justicia ha mirado desde el cielo": porque "toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto" (St 1, 17). "La verdad ha brotado de la tierra", es decir, ha tomado un cuerpo de María. "Y la justicia ha mirado desde el cielo":  porque "nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo" (Jn 3, 27)[3].

 

Segunda   Lectura: Segunda Carta de San Pedro 3,8-14.

 

3.1.- En el c. 3 de la 2ª Pedro podemos captar la oposición fundamental entre la enseñanza de los falsos doctores y la tradición apostólica. Bajo la influencia de las concepciones helenistas, según las cuales la salvación le interesa solamente al alma y se lleva a cabo fuera de la duración histórica, los herejes parecen profesar la eternidad del mundo y ponen en duda la vuelta del Señor. 2ª Pedro no se limita a recordar la enseñanza tradicional, sino que saca de ella exhortaciones prácticas.

3.2.- Para explicar el retraso aparente de la parusía, 2ª Pe utiliza el Sal 90, 4, según una interpretación judía tradicional: para el Señor un solo día es como mil años. Una especulación análoga es la que se encuentra en el Apocalipsis (20, 3-6), que posteriormente dio lugar a toda una serie de cálculos sobre el fin del mundo. Es claro que nuestro texto no se inscribe ni se sitúa para nada en perspectivas de ese tipo. Más que de retraso, hay que hablar de un plazo de gracia, como lo indica el v 9: La misericordia de Dios es la clave de la historia, como ya lo demostrara la histona de Noé, que invitaba a sus contemporáneos a la conversión, antes de que fuera demasiado tarde (2ª Pe 2, 5).

3.3.- Sin embargo el Juicio llegará, caracterizado por una irrupción del fuego celestial. Se ha podido relacionar el v 10 con la concepción estoica de la ‘desintegración-por-el-fuego’, es decir el incendio universal al final de un ciclo del mundo. Pero hay una diferencia capital que distingue a la 2ª Pe de la cosmología estoica; según la concepción bíblica del tiempo, el Juicio será definitivo, mientras que para los estoicos el retorno de los elementos al fuego primordial va seguido de un nuevo ciclo totalmente semejante al primero. Ese es el ‘mito del eterno retorno’... La imagen del ladrón para expresar el carácter imprevisible del regreso de Cristo procede de una de sus parábolas (Mt 24, 43-45 y par) y se encuentra también en 1 Tes 5, 2 y en Ap 3, 3, 16, 15.

3.4.- Hay que prepararse santamente para el día del Señor (3,11-13). La enseñanza sobre la destrucción del mundo no debe llevarnos a un desinterés egoísta por nuestras tareas terrenas, ya que no será posible habitar en la tierra nueva y los cielos nuevos (Is 65, 17) mas que si se ha caminado por el camino de la justicia (2, 21):

Pasa la figura de este mundo deformada por el pecado, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza será capaz de saciar y hacer rebosar todos los anhelos de paz que brotan del corazón humano. La esperanza de una tierra nueva no debe amortiguar, sino mas bien avivar la preocupación por perfeccionar esta tierra, donde se desarrolla el cuerpo de la nueva familia humana que puede de alguna manera ofrecer un esbozo del mundo nuevo (Gaudium el spes 39)[4].

 

Evangelio: Marcos 1,1-8

 

4.1.- El evangelio de Marcos comienza con un breve prólogo que ofrece de entrada las claves de lectura necesarias para una buena comprensión del texto, El personaje central del relato, Jesús, es presentado como Cristo e Hijo de Dios.

Los tres primeros versículos anclan el “Evangelio” de Jesús en la tradición de las Escrituras, Los versículos siguientes muestran que las Escrituras empiezan a cumplirse en la misión de Juan Bautista (bautismo y predicación). Jesús entra en escena haciéndose bautizar por Juan. El prólogo ofrece así al lector las informaciones esenciales para que tome con Jesús el desconcertante itinerario que conducirá a la cruz.

 

4.2.- Lectura de conjunto. En el primer versículo, el narrador da a Jesús los títulos que la fe cristiana confesará después: Cristo e Hijo de Dios. Por boca de Juan Bautista nos enteramos de que el que viene es más poderoso que él (v. 7), No bautizará con agua, sino con Espíritu Santo (v. 8). El Espíritu Santo desciende sobre él (v. 10). Una voz procedente de los cielos confirma su identidad de Hijo amado. El lector se beneficia, junto con Jesús, de todas estas informaciones.

Cuando, a continuación, los diferentes actores se pregunten por la identidad de Jesús, sobre su autoridad, el lector ya tendrá una respuesta, al menos parcial. Sabrá que Jesús es Cristo e Hijo de Dios. Pero saberlo no basta, A lo largo del relato, el lector descubrirá el alcance exacto de esos títulos y con qué condiciones podrá proclamarlos de forma auténtica.

 

4.3.- Al hilo del texto.

4.3.1.- La expresión Evangelio de Jesús (= Buena Noticia de Jesús) puede ser entendida de dos maneras

- el Evangelio proclamado por Jesús: En 1,14-15, la actividad de Jesús será presentada como una proclamación del Evangelio de Dios. Sus oyentes son invitados a creer en este Evangelio,

- el Evangelio relativo a Jesús: En 13,10 Y 14,9, Jesús menciona un Evangelio que será proclamado después de su resurrección.

No es necesario decidirse aquí a favor de una u otra de estas interpretaciones; Jesús proclama el Evangelio de Dios cuyo contenido es la proximidad del Reino de Dios. Esta proximidad se manifiesta en su persona.

4.3.2.- Los dos títulos de Cristo e Hijo de Dios serán después objeto de dos importantes confesiones de fe: la de Pedro en 8,29 y la del centurión romano al pie de la cruz en 15,39.

4.3.3.- Los dos primeros versículos han de ser leídos conjuntamente. La cita de la Escritura (v 2) se encuentra encabezando el relato. Es la única vez que el narrador hace una cita de la Escritura introduciéndola con la fórmula como está escrito. Desde las primeras palabras, Marcos indica que la fuente del Evangelio de Jesús está en el Primer Testamento.

La cita atribuida a Isaías es el resultado de una combinación de varios versículos de las Escrituras citadas según la traducción griega de los Setenta: Ex 23,20; Mal 3,1 e Is 40,3. Esta combinación se apoya en la palabra ‘camino’, que es común a los tres pasajes y que permite introducir, implícitamente, el tema de un nuevo éxodo, acto divino de salvación.

El mensajero que prepara el camino del Señor es semejante al profeta Elías:

He aquí que voy a enviar a Elías, el profeta, antes de que

llegue el día del Señor, día grande y terrible (Mal 3,23)

4.3.4.- Habida cuenta de la cita de la Escritura que precede, el lector sabe desde las primeras palabras del v. 4 que la misión de Juan Bautista es la de ser el precursor, y que puede ser identificado con un nuevo Elías. El vestido de pelo que lleva es el de los profetas (leer Zac 13,4), y su cinturón de cuero alrededor de la cintura recuerda el de Elías (2 Re 1,8) Esta identificación será confirmada por el propio Jesús (Mc 9,12-13). De la actividad y la predicación de Juan Bautista, Marcos no se queda más que con el bautismo para la conversión de los pecados y el anuncio de la venida de aquel que es más fuerte que Juan Bautista y que bautizará con el Espíritu Santo.

¿Por qué Juan Bautista habla de la llegada de uno más fuerte que él? La continuación del relato aportará elementos de respuesta. Por el momento, es importante subrayar que las palabras de Juan Bautista permiten al lector situar perfectamente a éste con relación a Jesús

Aunque la proclamación del bautismo de Juan es para todos, se sitúa dentro de las fronteras de Judea (v 5). La irradiación de la predicación de Jesús, por el contrario, desborda las fronteras de la tierra de Israel (3,8) y la proclamación del Evangelio afecta a todas las naciones (13,10)[5].

 

Los Padres de la Iglesia nos iluminan

 

“(...) El Señor quiere encontrar una senda por donde pueda entrar en sus corazones y caminar por ellos. Prepárenle este camino del que se ha dicho: tracen una calzada recta. La voz clama: En el desierto abran camino (Is 40,3). Esta voz llega primeramente a los oídos y luego con ella la palabra penetra el entendimiento. En este sentido fue Cristo anunciado por Juan.

Veamos pues lo que anuncia la voz a propósito de la Palabra. Abran, dice la voz, un camino al Señor (Is 40,3). ¿Qué camino vamos a abrirle al Señor? ¿Es un camino material? Pero, ¿acaso la Palabra de Dios puede servirse de tal camino? ¿No sería necesario más bien preparar al Señor un camino interior y trazar en nuestro corazón sendas derechas y seguidas? Sí, ese es el camino por el cual entra la Palabra de Dios para instalarse en el corazón humano capaz de recibirla.

¡Qué grande es el corazón del hombre! ¡Qué anchura y qué capacidad, con tal que sea puro! (...)

(...) Prepara un camino al Señor por medio de una buen conciencia, allana la senda para que la Palabra de Dios marche por ti sin tropiezos y te conceda el conocimiento de sus misterios y de su venida”[6].

 

 

 

 

 

 



[1] Benedicto XVI,  Ángelus  9 de diciembre de 2007. Extractado. Tomado de  vatican.va.

 

[2] C. Wiéner, El Segundo Isaías,- El profeta del nuevo éxodo-, Estella, 1980 2 (CB 20), pp. 27. 31-32. 37. Adaptado.

 

 [3] Juan Pablo II, Audiencia 25-09-2002. Acortado y levemente modificado. 

 

[4] Edouard Cothenet Las cartas de Pedro, Estella (CB 47), 1984, pp. 53-54. Adaptado.

 

[5] Ph. Léonard, Evangelio de Jesucristo según san Marcos, Estella (CB 133), 2007, pp. 8-9. Adaptado y extractado.

 

[6] Orígenes, Homilía 21 sobre san Lucas; PG 13,1855-1856; trad. en Lecturas cristianas para nuestro tiempo, Madrid 1973, A 21. Orígenes nació hacia el 185. A los 18 años se hizo cargo, a pedido de su obispo, de la escuela catequética de Alejandría. En torno al 216, se instaló en Cesarea de Palestina, donde el obispo del lugar lo invitó a fundar una nueva escuela de catequesis. Orígenes la dirigió por más de 20 años. Durante la persecución contra la Iglesia fue torturado para que negara su fe. No lo hizo y murió a causa de los tormentos sufridos, entre 253-257. Es con toda probabilidad el genio mayor de la antigüedad cristiana, al menos entre los escritores de lengua griega. Su producción literaria es abundante. Tomado de monasterio.org.ar

   
 
    Información Institucional Facultades Vida Universitaria  

::: Universidad Católica del Uruguay - Avda. 8 de Octubre 2738 - Tel: +5982 - 4872717 - Montevideo - infoweb@ucu.edu.uy ::: d2B