A finales del año 1995, las autoridades de la Universidad Católica decidieron crear un nuevo logo, complementando el tradicional escudo universitario, sello personal del Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga.
A esos efectos, tomando como base que las universidades privadas de Europa y Estados Unidos mostraban en sus emblemas las fachadas de los edificios, dando a entender la solidez y firmeza de sus convicciones, dentro y fuera de las mismas, se concluyó que la Universidad Católica, por su trayectoria, estaba en condiciones de seguir esta línea.
Es así que surgió el actual logo, enseñando el frente del edificio central de la Universidad Católica del Uruguay, como símbolo de calidad, de aptitud y de tenacidad en el ofrecimiento de múltiples y adecuadas carreras de grado y de postgrado, de acuerdo a los cánones internacionales de universidades privadas.

El emblema de la Universidad es el sello personal que el Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga utilizó en su calidad de Vicario Apostólico de la Iglesia Católica en el Uruguay.
El escudo ostenta las ondas del Río de la Plata que se desvanecen al pie del cerro de Montevideo. En medio del cielo del fondo montevideano se destaca una cruz que corona el conjunto.
El emblema incluye por lo tanto un elemento local - el río y el cerro - y un elemento universal - la cruz. La Universidad Católica busca la universalización, el abrazo y la fraternidad con otras instituciones y con otros pueblos, partiendo de su realidad y peculiaridad locales.
La cruz que domina todo el conjunto afirma la orientación cristiana y católica de la institución. Expresa con claridad que con sus brazos abiertos acoge a cuantos deseen formarse en sus aulas, y que, en la búsqueda de la verdad, las respuestas a las inquietudes de sus miembros estarán pautadas por el sentido religioso del hombre y por la trascendencia de la persona humana.
La máxima que la Universidad Católica ha elegido para completar su escudo es la siguiente: "Veritas liberabit vos", o sea, "La Verdad os hará libres", texto entresacado del Evangelio de San Juan 8, 32. Esta sentencia refleja adecuadamente lo central de la actividad de una universidad, pues la función de estos centros es buscar la verdad del hombre, y la verdad científica a través del trabajo, del estudio y de la investigación.