Evaluación y educación
La evaluación educativa, realizada de manera apropiada, puede constituirse en un motor del cambio educativo.
Para ello la evaluación debe ayudar a las instituciones y a los educadores a plantearse, con instrumentos conceptuales y metodológicos apropiados, el problema del grado en que un emprendimiento educativo logra realizar los fines y valores que le dan sentido. A partir de los fines y valores que orientan nuestra labor, la evaluación contribuye a indicar lo cerca o lejos que nos encontramos de estos fines, marcando la dirección en que orientar nuestros esfuerzos.
La evaluación debe, además, contribuir a que las instituciones y los educadores reencontremos el sentido más genuino de nuestra vocación para realizar nuestra tarea de la mejor manera posible.
El siguiente texto, de los pueblos originarios de nuestro continente, expresa acabadamente esta visión de la evaluación como actividad reflexiva al servicio del trabajo educativo bien realizado.
Discípulo, abundante, múltiple, inquieto.
El verdadero tolteca:
capaz, se adiestra, es hábil;
dialoga con su corazón, encuentra las cosas en su mente.
El verdadero tolteca todo lo saca de su corazón;
obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,
obra como tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea;
arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten
El que da ser al barro: de mirada aguda, moldea, amasa el barro.
El buen alfarero: pone esmero en las cosas,
dialoga con su propio corazón, hace vivir a las cosas, las crea,
todo lo conoce como si fuera un tolteca.